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Jubilados ferroviarios reviven la historia del ferrocarril ecuatoriano
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Mayo 20, 2007

Silvia Murillo | DURÁN, Guayas


Descendientes de ferrocarrileros hablan del trabajo de sus ancestros.

“Yo tenía que armar los convoyes que iban para la Sierra. Al día salían ocho o diez. Los trenes, en cambio, salían con 30 o 40 vagones”. Es lo que más recuerda Abraham Méndez Díaz, un jubilado de 81 años, que fue jefe de Patio en los talleres de Durán.  Él cuenta que el ferrocarril, a más de transportar legumbres, llevaba tanques con melaza.

El recuerdo de Méndez surge con la expectativa de la mayoría de jubilados y duraneños por ver hecho realidad un sueño que esperaron por años: la rehabilitación del sistema ferroviario, proyecto que aceptó el gobierno de Rafael Correa.

Según el presidente del directorio de la Empresa de Ferrocarriles del Ecuador (EFE), el primer tramo (Durán-Quito) estará listo justo el 25 de junio del 2008, en que se cumplen 100 años de la construcción de la máxima obra del ex presidente Eloy Alfaro.

En esta fecha se revivirá lo que fue el primer viaje en el ferrocarril que lo hizo la locomotora Nº 8, que hoy se encuentra en un parque en Machala y que se restaurará para que sea la misma máquina la que realice el recorrido del primer tramo.

Los representantes de los  cerca de 400 jubilados con que cuenta la Hermandad de Durán aseguran haber tocado las puertas de gobiernos anteriores para pedir la rehabilitación del tren, “pero no fuimos escuchados”, precisa Guido Toledo, de 72 años, director de la Hermandad, quien desde los 20 años trabajó en los almacenes del tren en Durán.

“En ese tiempo (1955) había 26 máquinas a vapor y cinco a diésel que fueron importadas de Francia”, cuenta Toledo, al tiempo que dice que el pasaje costaba entre seis y ocho sucres de Durán a Quito.

Él también rememora el hecho de que en 1945, el entonces presidente de la República, José María Velasco Ibarra, nacionalizó la empresa de ferrocarriles. En ese momento la compañía perdió el nombre original que era The Guayaquil and Quito Railway Company y se llamó Empresa Nacional de Ferrocarriles del Estado (ENFE).

“Ese fue el error más grande que pudo cometer un estadista. Desde ahí el ferrocarril empezó su declive”, asegura.

Los primeros días de septiembre del 2006 la ENFE cambió su razón social para llamarse desde ahí Empresa de Ferrocarriles del Ecuador (EFE). Esto cuando el Congreso ratificó una ley que permitió la concesión del ferrocarril al sector privado con fines turísticos.
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EFE asegura recuperará los bienes 
 

Mayo 20, 2007

Hace más de una semana, en el cantón Durán, el presidente del directorio de la Empresa de Ferrocarriles del Ecuador (EFE), Héctor Villagrán, dijo ante la Hermandad de Jubilados Ferroviarios que recuperará los bienes (locomotoras y vagones) que fueron dados en comodato a municipios de varios cantones de provincias.

Ante esta declaración, el alcalde de Machala, Carlos Falquez, dijo no tener ningún inconveniente, siempre y cuando la solicitud llegue por escrito.

El criterio de Falquez lo comparte el alcalde de Riobamba, Ángel Yánez, quien expondrá la petición –por escrito– ante el Concejo Cantonal.

El gerente de la Fundación Malecón 2000, Pedro Gómez-Centurión, aclaró que el vagón Nº 115 permanecerá bajo custodia de la fundación hasta que la EFE cuente con las condiciones logísticas para recibirlo.

Sin embargo, el alcalde de Loja, Jorge Bailón, no comparte estos criterios. Precisó que no él sino el pueblo se levantará si se les piden que devuelvan la locomotora que está en el parque Jipiro.
‘Papá conocía el tren como a su mano’

Mayo 20, 2007

Carlos Davis Asanzza habla de su padre con mucho respeto y admiración. Incluso el trato que le da es el de don Guillermo Davis, hombre cuya historia tiene que ver directamente con la del ferrocarril.

La labor de él ha sido reconocida en Durán al ponerle su nombre a una calle y una escuela. “Mi padre ingresó a laborar en los talleres de Durán  el 16 de enero de 1921, a los 17 años, como aprendiz. Al poco tiempo lo ascendieron a operario. En esa época  ganaba dos o tres reales por quincena”, cuenta Carlos montado en una de las cuatro trenes de vapor a escala que su padre fabricó en 1975.

Tras varios años, Guillermo fue asignado como mecánico en los talleres y después –por la precisión en su trabajo– lo ascendieron a maestro en la sección de Maquinarias en el departamento de Precisión.

Lo primero que construyó Guillermo Davis Piñeres fue una locomotora en miniatura del tipo 30 moderno. Lo hizo en tres años. “Con el apoyo del presidente de la empresa de ferrocarriles, Ricardo Astudillo, esta máquina se exhibió en Quito, el 26 de febrero de 1938, en los andenes de la estación de Chimbacalle”, comenta Carlos.

Guillermo fue hijo de William Davis, de origen inglés, quien trabajó en la construcción del ferrocarril del sur (Durán-Riobamba-Quito).

Orgulloso, Carlos añade que su padre recibió varias condecoraciones, entre ellas, una medalla de oro Al Mérito en junio de 1964. “Mi papá murió a los 75 años. Tuvo 41 de servicio en el ferrocarril. Llegó a ser jefe general en los talleres. Él conocía el vapor como la palma de su mano”, precisa Carlos Davis.

En diciembre de 1987, el Municipio de Durán le otorgó una condecoración posmórtem Al Mérito Científico.

De su abuelo y padre, Carlos aprendió mecánica y trabajos con sistemas hidráulicos. Su labor la realiza en su taller de la calle Eloy Alfaro, entre la av. Abel Gilbert y Benavides.

De su padre no tiene muchas fotos. Lo que sí conserva y muestra orgulloso es un cuadro donde su progenitor aparece junto al ferrocarril.

‘Hay mucha sangre derramada en la vía’

Mayo 20, 2007

César Navarrete Murillo ingresó a trabajar a la empresa de ferrocarriles en 1942, a los 18 años, como ayudante. Siguió la tradición de sus ancestros que también fueron ferroviarios.

“Mi padre (Agustín Navarrete) fue constructor del ferrocarril en el tiempo de Eloy Alfaro. En la primera locomotora que salió hacia Riobamba, él le sirvió el banquete al general”, recuerda el hombre de 83 años.

El ferrocarril fue la arteria principal que unió dos regiones, la Sierra y la Costa, dice Navarrete, quien además hace la reflexión de que actualmente la transportación está monopolizada y debe diversificarse.

Continúa su narración y comenta que fue un ingeniero alemán el que lo instruyó y preparó en lo que era el control de frenos. “Llegué a ser jefe de la seguridad de transporte de carga y pasajeros gracias a la preparación que me dio ese caballero”, recuerda.

Este jubilado comenta con tristeza el hecho de que una vez que la empresa de ferrocarriles fue nacionalizada se empezaron a construir carreteras de emergencia, paralelas a la vía del ferrocarril.

“La construcción de estas vías hizo que poco a poco el ferrocarril fuera perdiendo fuerza y empezara su agonía”, asegura Navarrete, quien además fue uno de los ferroviarios que auspició la lucha para que el ferrocarril no muriera.

Los recuerdos de este hombre no son del todo gratos. Dice que muchos de sus compañeros fallecieron a lo largo de la línea férrea. “La vía del ferrocarril está llena de sangre. Unos murieron en el trayecto; otros en el mantenimiento de la vía; y algunos en la montaña”.

En la casa de este jubilado se exhibe la réplica de un ferrocarril. La máquina fue fabricada por un grupo de alumnos del colegio Campos Coello y por su hijo César Navarrete, quien es catedrático y forma parte del Frente Cívico Pro Rehabilitación del Ferrocarril.

“La obra de Alfaro no puede perderse”, así finaliza este jubilado sus añorados recuerdos.

La historia se torna un poco diferente para Eloy Baidal Munizaga, de 68 años. Él cuenta que fue su abuelo, Arturo Munizaga Palacios, chileno, el primer maquinista que operó –por primera vez– la locomotora Nº 8  y cruzó el puente de Shucos en Alausí.

Él aclara que pese a que su abuelo hizo este recorrido –en el que había que descender como 800 metros– el reconocimiento se lo dieron a Manuel Ignacio Ramos, un ecuatoriano que fue el segundo en cruzar el citado puente.

“A mi abuelo le restó méritos el hecho de ser chileno y no ecuatoriano”, asegura.

‘Sé del ferrocarril por mis ancestros’

Mayo 20, 2007

Los apellidos Atkinson, Sandiford, Clark, Levington, William, entre otros, no son indiferentes para quienes viven en Durán. Muchos de sus habitantes saben que detrás de estos hay una historia que está estrechamente relacionada con el ferrocarril.

Como sucede con Carlos Atkinson (fallecido), padre de Arturo Atkinson, quien vive en Durán y cuenta la historia de su progenitor y de su abuelo.

Para la construcción de la línea férrea en la Nariz del Diablo, el empresario norteamericano Archer Harman y el general Eloy Alfaro vieron la necesidad de traer cuatro mil hombres negros de Jamaica porque la mano de obra nacional escaseaba. Esto porque los obreros ecuatorianos se estaban muriendo por la fiebre amarilla, cuenta Arturo.

“Dentro de todos estos jamaiquinos llegó mi abuelo, Nettan Atkinson, quien construyó parte de la línea férrea”, explica.

Los nombres que Arturo no olvida –al igual que los jubilados– son los de Archer Harman y su hermano John Harman. Ellos –dice– también fueron responsables de la construcción de la línea férrea. “Terminado el trabajo en la Nariz del Diablo, Archer dejó el país. Su hermano John murió y fue sepultado en Huigra”.

Cuando Arturo se refiere a su padre, quien ingresó a trabajar a la empresa de ferrocarriles en 1936, la nostalgia lo envuelve. Recién el año pasado soportó la pena de perder a su progenitor, cuando tenía 92 años. Él se jubiló en 1962.

El amor a su abuelo y su padre y al mismo ferrocarril llevó a Arturo Atkinson a escribir su tesis de grado sobre la historia de este medio de transporte cuando los tres ramales estaban operativos: Durán-Riobamba-Quito (ferrocarril del sur); Quito-Ibarra-San Lorenzo (ferrocarril del norte); y, Sibambe-Cuenca (ferrocarril Austral).

Ferrocarril Trasecuatoriano
Con la rehabilitación del sistema ferroviario se reactivará el comercio en las poblaciones por donde atraviesan las locomotoras.                   Foto: El Universo
                                    Foto: El Universo
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